La ‘máquina del libro café’ de la Biblioteca de Alejandría

El artefacto tecnológico de la Biblotheca Alexandrina que más impresiona a los visitantes, aparte de la primera máquina de imprimir que hubo en Egipto, es lo que los guías del centro han bautizado como «La Máquina del Libro Café Expresso» (Expresso Book Machine). Es una solución proporcionada a la institución por la empresa norteamericana Xerox y está ubicada en una estancia en cuyo acceso se lee: Print On Demand(Impresión Bajo Demanda).

Se trata de una máquina de impresión láser, de poco más de un metro de largo, uno de ancho y algo más de metro y medio de altura, conectada a un dispositivo profesional de escaneado de libros y, ambos, a una estación de trabajo con teclado, ratón y monitor que hace de nexo entre los dos artefactos.

Técnicamente, es capaz de escanear un libro impreso, imprimirlo a dos caras y encuadernarlo, todo en un solo proceso, a demanda, y apenas en el tiempo que cualquiera tarda en tomar un café. De ahí la broma del nombre. Como es obvio, este proceso únicamente puede tener lugar allí con volúmenes no sujetos a restricciones de derechos, es decir, libros completamente en derecho público, sea por antigüedad o por permiso concedido.

La Biblotheca Alexandrina es una entidad sin ánimo de lucro y su propósito fundamental como archivo científico del conocimiento y de apertura convive armónicamente con el respeto a los titulares de derechos intelectuales de los contenidos, en el caso de que los hubiere.

La máquina ubicada en la Alexandrina nos muestra que hoy ya puede tener lugar técnicamente el fabricar un libro completamente, a partir de otro, en muy pocos minutos. Es impresionante. Seguro que verla funcionar hubiera sido un sueño para el mismísimo Johannes Gutenberg.

En 1987 nació la idea de construir una nueva biblioteca -la Bibliotheca Alexandrina- para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, hoy símbolo y ejemplo para el patrimonio de la Humanidad. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el Gobierno de Egipto y la Unesco. El presupuesto, en aquel año, fue de 230 millones de dólares.  (Egipto tuvo que aportar el 70%)

La participación de la Reina Sofia de España fue intensa tanto durante la etapa del proyecto como posteriormente. Quizá influyó el hecho de que, en la ciudad de Alejandría, fue donde por primera vez asistió a una escuela, el actual Elnars Girls College. Allí pasó año y medio de su vida, tras exiliarse la familia real griega en abril de 1941, seis meses después de que su país fuera invadido.

Desde el decreto fundacional de la BA, la Reina de España forma parte del Consejo de Patronos de la Alexandrina, al igual que el presidente francés o el director general de la Unesco.

Fuente: elmundo.es