Gürtel: el pasado que vuelve

Ocupados en atender lo inmediato -la crisis del PSOE, la investidura (o no) de Mariano Rajoy o nuestros pedestres líos locales- se nos escapan otras cosas importantes. Anteayer, por ejemplo, comenzó en la Audiencia Nacional el macrojuicio del caso Gürtel, una trama de corrupción encabezada por el empresario Francisco Correa, cuyo apellido traducido al alemán (Gürtel significa “cinturón”) sirvió a la policía para bautizar la investigación. El caso fue abierto por la Fiscalía Anticorrupción en 2007 tras una denuncia de un exconcejal de Majadahonda, José Luis Peñas, y tuvo derivaciones en Madrid, Galicia, Castilla y León y Valencia (las comunidades gobernadas por los populares), originando también el llamado caso Bárcenas, sobre financiación ilegal del PP.

Por el camino, la investigación del caso se llevó por delante alguna carrera política de importancia: la del presidente de la Generalidad Valenciana, Francisco Camps, que -junto a otros- otorgó contratos a las empresas de la Gürtel a cambio de regalos y canonjías para él y su mujer. Entre esos regalos, los famosos trajes “gratis total”, que dieron lugar a un juicio del que -después de extrañas vicisitudes jurídicas que devolvieron el caso al Tribunal Superior de Justicia de Valencia- Camps logró escapar de rositas, aunque acabó por tener que renunciar al cargo. Lo mismo le ocurrió -que tuvo que cesar- a la entonces ministra de Sanidad Ana Matos, agasajada con regalos de ropa cara por 28.500 euros, y a la Gürtel pagó las fiestas infantiles de sus hijos, cuando ella estaba aún casada con Jesús Sepúlveda, exalcalde de Pozuelo de Alarcón, para quien se piden quince años y cuatro meses por blanqueo de capitales, falsedad documental, cohecho, fraude, malversación y tráfico de influencias.

El juicio, que empezó el martes, se ocupa principalmente de los negocios que montó la red de corrupción organizada por políticos y empresarios del PP en Madrid, en Castilla y León y en Estepona, durante lo que el juez Pablo Ruz calificó de “primera época” de Gürtel, en los años que van de 1999 al 2005. El juicio pondrá luz al paisaje en las sombras de esos días en los que el PP gobernaba con una holgada mayoría absoluta bajo la férrea batuta de José María Aznar, amigo personal de Correa, invitado personal suyo a la boda de su hija, celebrada en El Escorial. Pero la amistad de Correa con Aznar es sólo una parte del asunto: la mitad de los 36 acusados que comparten banquillo con Correa ocuparon puestos de importancia tanto en el partido como en Gobiernos y Ayuntamientos controlados por el PP. Y el PP aparece identificado a efectos fiscales, como uno de los 21 presuntos responsables civiles de los delitos que habrían cometido los que se sientan en el banquillo. En concreto el PP debe responder de 245.000 euros destinados a financiar campañas locales y otros gastos del partido. Ya abonó la fianza por ese importe.

Junto a la implicación directa del PP en el “caso Bárcenas”, por la destrucción de los discos que contenían la contabilidad secreta, o los mensajes de Rajoy al tesorero Bárcenas -“Luis, sé fuerte”-, el caso Gürtel y sus derivadas constituyen una potente radiografía que explica el desafecto social con la política, aunque no el escaso castigo electoral recibido por el PP. Un partido que siempre se ha negado a asumir su responsabilidad en el caso: aún recuerdo cuando Mariano Rajoy, amparado por su Ejecutiva, compareció ante los medios de comunicación para asegurar: “No hay una trama del PP; hay una trama contra el PP”. Claro que aún no se sabía nada sobre la existencia de una Caja B en Génova, con la que se pagaba sobresueldos a los miembros de la Ejecutiva Nacional. Entre ellos, según los papeles de Bárcenas, al propio Mariano Rajoy.

Fuente: eldia.es






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